En el ámbito del reciclaje industrial, la correcta gestión y recuperación de cables eléctricos se ha vuelto esencial para transformar estos residuos, que son mucho más contaminantes de lo que imaginas, en materias primas de valor.
En nuestra empresa, el reciclado de cables de cobre y de cables de aluminio es uno de los principales servicios que prestamos, trabajando cada día para recuperar gran parte del material con el que están elaborados, siempre siguiendo la normativa vigente.
Y aunque, a primera vista, puede parecer que seguimos el mismo proceso para el reciclaje de todo tipo de cables eléctricos, lo cierto es que se trata de protocolos distintos en función de si estamos ante cables de cobre o de cables de aluminio. ¿Te gustaría conocer cuáles son las principales diferencias en el proceso de recuperación de estos residuos?
Hoy te lo contamos en este nuevo post a la vez que aprovechamos para recordarte que puedes acudir a nosotros si buscas un servicio de reciclaje de cables en Madrid.
Diferencias entre reciclar cables de cobre y cables de aluminio
Cuando hablamos del reciclaje de cables, el objetivo común, independientemente del tipo de cables de los que estemos hablando, es separar los metales del aislamiento plástico y de otros componentes no metálicos.
Así, una vez obtenidos los materiales metálicos libres de impurezas, suciedad y óxido, pueden fundirse y reutilizarse para fabricar nuevos productos.
Sin embargo, las características físicas, químicas y económicas del cobre y del aluminio influyen directamente en el proceso de reciclaje y en los requisitos del tratamiento técnico que se aplican a cada uno de ellos.
¿Cuáles son los aspectos más diferenciales de esos procesos de reciclaje de cables?
1.- Diferente facilidad de reciclado
Mientras que el cobre es un metal que, gracias a su alta conductividad y resistencia, puede reciclarse repetidamente sin que sus propiedades se degraden de forma significativa, el aluminio tiene sus limitaciones. No es que no pueda reciclarse varias veces, pero sí requiere niveles de pureza más estrictos y procesos de separación y limpieza más exigentes.
Esto hace que la recuperación y el reciclado de cables de cobre sea más sencillo y tolerante frente a pequeñas contaminaciones que el de los cables de aluminio. El cobre es mucho más maleable y la separación de impurezas siempre será más sencilla que en el caso del aluminio, que hay que recurrir a procesos más complejos para eliminar restos de óxidos.
2.- Diferente consumo energético del proceso de reciclaje de cada caso
Aunque reciclar ambos tipos de cables para recuperar el metal del que están elaborados siempre supondrá un menor gasto energético que extraerlos como materia prima, el aluminio destaca porque su reciclaje requiere solo una fracción de la energía necesaria para producir aluminio virgen, algo que no ocurre con el cobre.
De hecho, podría decirse que reciclando cables de aluminio se ahorra un 95 % de la energía que costaría extraerlo nuevo, mientras que ese ahorro, en el caso del cobre, desciende hasta el 85 %. En definitiva, reciclar aluminio siempre compensa más desde una perspectiva ambiental cuando se logran reciclar grandes volúmenes de material.
3.- Diferentes técnicas de separación de materiales
En la fase de separación del cobre o del aluminio del plástico aislante de los cables pueden emplearse técnicas similares como estas de las que ya te hemos hablado en este post, pero el diseño de la maquinaria y los parámetros operativos para hacerlo suelen ser diferentes y ajustarse en función de las propiedades de cada metal para obtener un rendimiento óptimo en pureza y recuperación.
En definitiva, aunque el reciclaje básico de ambos tipos de cable comparte etapas generales, el enfoque técnico y las exigencias específicas varían según el metal conductor que queremos recuperar. Comprender estas diferencias permite optimizar la gestión de residuos y maximizar tanto el rendimiento ambiental como el valor económico del proceso, dos pilares fundamentales del servicio que ofrecemos a nuestros clientes.
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